869.0 Vicente G. 7 Quem tern farelos? .06 ESTUDIOS SOBRE EL TEATRO DE GIL VICENTE: OBRAS DE CRtTICA SOCIAL Y RELIGIOSA (CONTINUACION) Stanislav Zimic Ill. QUEM TEM F ARELOS? Los criticos admiran Quem Tem Farelos? por su »gaiety and concentra­ tion« que la hacen »perhaps the best of the farses [de Gil Vicente]« 1 por su »freschezza che il pensiero spontaneamente ricorre alla zampillante gioiosW.t di un Mozart e di un Rossini« 2 ; por su »comiciadade austera<< 3 , etc. Por otra parte, esta magnifica farsa se censura a menudo por su >>enredo mu:ito tenue<<, por >>a quase inexistencia de intriga<< 4 ; por el »ingenue arranjo dos seus qua­ dros<< y porque les falta >>ordena<;ao aos agrupamentos e naturalidade ao desfile epis6dico<< 5 • En un libro reciente sobre las farsas gilvicentinas se con­ cluye que >>although there is a weak semblance of structural balance in this play, it is, for the writer, the least effective of the farsas examined<<. 6 La supuesta debilidad o incoherencia de la estructura dramatica, la falta aparente de una estrecha y 16gica relaci6n, tanto desde el punto de vista tematico como artistico, entre los varies nucleos epis6dicos es, segun se desprende de las opiniones citadas arriba, la raz6n principal por la cual Quem Tem Farelos? les parece tan dispar en sus cualidades a muchos criticos. En particular, en el contexto de la satira de ese patetico tipo social, el escudero, que constituye, en opinion unanime de la critica, el prop6sito principal de la obra,7 ique funci6n drarnatica desernpefia precisarnente la escena final del altercado 1 Aubrey F. G. Bell, Gil Vicente (Oxford University Press, 1921), p. 50. 2 Enzio de Poppa V6lture, Gil Vicente: Teatro (Firenze: Sansoni, 1957), Vol. II, p. 407. ' Arlindo de Soussa, Pequena Introdw;:ao as Obras de Gil Vicente, (Lisboa: Progresso, s. a.), p. 129. 4 Paul Teyssier, Gil Vicente: o Autor e a Obra (Lisboa: Instituto de Cultura e Lingua Portuguesa, 1982), p. 71 y 72. 5 M. Higino Vieira, >>Crftica Social de Gil Vicente, atraves da Farsa Quem Tem Farelos?<<, Portucale, 1941, Vol. XIV, No. 79, p. 27. ' Hope Hamilton-Faria, The Farces of Gil Vicente: A Study in the Stylistics of Satire (Madrid: Playor, 1976), p. 128. ' Con este prop6sito es sugestivo que >>the play has been known [also by] other titles: Farsa dos Eseudeiros or Farsa do Escudeiro Pobre, titles which are very closely connected with the plot<< (Jack Horace Parker, Gil Vicente, New York, Twayne, 1967, p. 74). 11 entre Isabel y su Madre? Por no percibirse una relevancia esencial de esta escena para el desarrollo de la acci6n dramatica »central«, se concluye que hay en aquella un problema distinto, independiente del anterior, y que Quem Tern Farelos? es, por esto, una obra de tecnica dramatica defectuosa que dispara su satira a dos blancos que no estan relacionados l6gicamente por ningun evidente nexo interior. Como consecuencia directa de esta concepci6n »defectuosa«, se destaca tambien el hecho de que el prop6sito satirico no esta realizado en forma de una acci6n dramatica completa, con su principio y fin, ni en los episodios del escudero ni en los de Isabel y su madre: »Quem Tern Farelos?«, dice sucinta y categ6ricamente un critico, >>nao encerra urn tema abordado de modo completo«. 8 Es tambien sugestivo que a algunos criticos parezca que la escena del altercado entre Isabel y su madre responde unicamente a ciertos requisitos de las farsas de golpe y porrazo: »To add to the farcical confusion out comes Isabel's mother to drive the suitor away and scold her daughter« [subrayado nuestro].9 Tambien nosotros creemos que la satira del escudero ocupa un puesto central en Quem Tern Farelos? Sin embargo, tambien opinamos que el escu­ dero desempefia, simultaneamente, otras funciones importantes y que en el contexto dramatico total de la obra la satira de esta ridicula figura puede considerarse en cierto sentido incluso subordinada a otras intenciones satiri­ cas. A base de esta convicci6n, en las paginas siguientes mostramos c6mo todos los nucleos epis6dicos de Quem T em F m·elos? se relacionan de modo l6gico y armonioso, constituyendo una acci6n unica y completa que se subor­ dina a un tema fundamental, a una vision critica de un grave problema social y humano. Despues de ahuyentar al ridiculo Aires Rosado, quien vino a dar una serenata a Isabel, la madre de esta reprocha enfurecida y amenazadora: Isabel, tu fazes is to? Tudo isto sai de ti! Isabel, guar-te de mi que tu tens a culpa disto (p. 77). 10 Isabel contesta atrevida e impenitente: Pois si! Eu o fui chamar? Algun demo valho eu? E algum demo merce<;o? E algum demo pare<;o, pois que cantam polo meu? etc. (pp. 77-78). Esta y otras contestaciones parecidas a su madre le han valido a Isabel se­ veras reprimendas, desde un punto de vista moral, por parte de los criticos. No hay duda, la joven se porta de modo muy >>insolente, corn a autora de seus dias« 11 • <::Que motivos posibles tendra para tal conducta? Algu.nos criticos ' M. Higino Vieira, >>Critica Social de Gil Vicente, atraves da Farsa Quem Tern Farelos?,<< Portucale, 1941, Vol. XIV, No. 79, p. 27. ' Jack Horace Parker, Gil Vicente, p. 74. 10 Nos servimos de la edici6n de Maria de Lourdes Saraiva en Gil Vicente: Sdtiras Sociais (Europa-America: 1975). 11 M. Higino Vieira, >>Critica Social de Gil Vicente, atraves da Farsa Quem Tern Farelos?,<< Portucale, 1940, vol. XIII, No. 76-77, p. 151. 12 la explican a base de un »confronto de gerac;6eS<< 12 • Hay ciertos aspectos de la disputa que pueden explicarse asi, sin duda, pero creemos que sus causas fundamentales trascienden las meras cliferencias de generacion. Prestemos atencion a los reproches que Isabel, a su vez, hace a su madre y que no son, en nuestro juicio, solo un eco comico de la arenga que la madre hizo a Aires Rosado, al encontrarlo debajo de la ventana de la hija, segun a veces se piensa: 13 V6s quereis que me despeje, V6s quereis que tenha modos, que parec;a bem a todos, e ninguem nao me deseje? V6s quereis que mate a gente, de fermosa e avisada! Quereis que nao fale nada, nem ninguem em mi atente?! Quereis que cresc;a e que viva e nao deseje marido; quereis que reine Cupido e eu seja discreta e que nao saiba de amores?! Quereis que sinta primores, mui guardada e mui secreta?! (p. 78). jQue deslumbre a todos los hombres con su hermosura! <::Que impresione con sus >>modos« y sagacidad »parec;a bem«, que se haga irresistible para todo el que la mire ... ! Sin embargo, jque sea esquiva con todos! jQue no entre en conversacion con nadie! jQue se guarde bien de dejar entrar el sentimiento amoroso en su corazon! jY que no se le ocurra el deseo de tener marido! Estas reglas de comportamiento que la madre impone a la hija no son contra­ dictorias; conjuntamente revelan, con toda claridad, una despotica determina­ cion de controlar y manipular la vida de la hija en todos los sentidos. En realidad, no se opone a un posible amor y matrimonio de su hija, jtodo lo contrario!, sino tan solo a la posibilidad de que estos sucesos ocurran en circunstancias no predeterminadas totalmente por ella misma. De alli que anime a la hija a ostentar su belleza en publico, como yesca para un marido conveniente, pero que, a la vez, le prohiba cualquier iniciativa propia. Las inclinaciones personales y los sentimientos intimos de la hija no cuentan en absoluto, en cuanto no coincidan con los planes de la madre. Esta piensa que aquella no debe empefiarse en >>casar a plazer<< y que es suficiente que el marido >>tenha o que houver mister<<, como se dice en lnes Pereira, en situaci6n analoga.14 En cierto momento la madre le reprocha a Isabel: »tens tao ma crianc;a« (p. 77), pero es rnuy importante observar que por »crianc;a« ella entiende, ademas de una sumisi6n completa, solo los »modos« exteriores de ser. Obvi­ amente, para encontrar marido, no considera esencial la virtud en su hija. A esta quiere casarla (mejor diriamos: venderla) solo a base de su belleza fisica, desentendiendose por completo de todos sus demas valores y - lo que 12 M. de Lourdes Saraiva, Gil Vicente: Sdtiras Sociais, nota en la p. 79. 13 Thomas R. Hart, Gil Vicente: Farces and Festival Plays (Eugene: University of Oregon, 1972, p. 30. 14 Vease nuestro estudio: >>lnes Pereira - La imperfecta casada« en Estudios sabre el teatro de Gil Vicente: Obras de tema amoroso, BBMP, 1983, pp. 54-70. 13 es aun mas importante para comprender la conducta subsecuente de Isabel­ de sus preferencias sentimentales, de sus inclinaciones naturales, de su digni­ dad personal. Contra esta total y humillante supresi6n de su libertad, individualidad y naturaleza y contra la hipocresia de su madre protesta con tanta vehemen­ cia Isabel en los versos citados arriba. En otros momentos la protesta es aun mas atrevida, acerba y desafiante: Velha: Que dini a vizinhan<;a? Dize, ma mulher sem siso! Isabel: Que tcnho eu de ve;: corn isso? (p. 77). Velha: Nao deprendeste tu assi o verbo de Anima Christi, que tantas vezes ouviste! Isabel: Isso nao e para mi! (p. 79). Isabel infiere claramente que a ella no le in1portan solo las apariencias de conducta virtuosa y religiosa, jcomo a su madre.! N6tese el fuerte acento en el eu, mi que invita evidentemente al contraste con tu, ti. »E pais que [es para ti] ?<<, continua preguntando la madre, e Isabel con­ testa acalorada: Eu vo-lo direi: ir amuide ao espelho e par do branco e vermelho, e outras cosas que eu sei ... Pentear, curar de mi, e p6r a ceja em direito, e morder, por meu proveito, estes beicinhos assi (78). Estas declaraciones se han interpretado siempre en el sentido mas literal, como deseos efectivos de Isabel. (.No se percibe el to no ir6nico con que las expresa? <.No se comprende su prop6sito de respuestas sarcasticas alas impo­ siciones especificas de su madre? No quiere quizas la madre que su hija »mate a gente<< con su belleza fisica? Si asi es, dice Isabel, quiere satisfacer a su madre por completo: extre­ mara el cuidado de su apariencia en todos los pormenores. Pasara mucho tiempo ante el espejo, recurrira a todos los afeites disponibles - (_no tienen quizas estos la virtud de encubrir toda imperfecci6n? -, no evitara ninglin medio artifical para crear una ilusi6n cuanto mas eficaz de belleza ... Considerada la preocupaci6n de la madre con la belleza fisica de la hija, coma unico caudal importante para conseguir un marido, (_no es muy impru­ dente e improcedente, pregunta esta, con malicia, implicitamente, mandarle que labre, file y teja: Isabel: Faz [o lavrar] a mo<;a mui mal feita Corcovada, contrafeita, de fei<;ao de meio anel! E faz muito mau carao e mau costume de olhar, etc. (p. 80). 15 " En La perfecta casada Fray Luis de Le6n recomienda: »ninguna cosa hay que las haga preciar [a las mujeres] como el asistir en ella [en la casa] a su oficio ... hilando y tejiendo y teniendo cuenta con su rinc6n« ( Obras completas 14 Ademas de perjudicar su belleza fisica, estos trabajos domesticos (no deslu­ stran quizas tambien su categoria social, con que la madre de seguro desea tambien presentarla a los pretendientes? Isabel: Eu sou filha de moleiro? Em roe a me falais v6s? Achais outro mais honrado oficio para eu saber? (p. 80). No son estos trabajos domesticos, pues, sino los >>modos<<, ademas de la belleza fisica, lo que de veras importa en la busqueda de un marido: Ensinar-me a passear para quando for cassada Saber sentir urn recado e responder improviso, e saber fingir urn riso falso e bem dissimulado! (p. 79). Aprender a pasearse con afectaci6n, a flirtear con artimaiias, a prodigar son­ risas hip6critas, a ser infiel sin escrupulos ... >>para quando for cassada<<. Particularmente estas ultimas declaraciones citan los criticos para destacar la frivolidad y la inmoralidad de Isabel: >>A corrupc;ao dos costumes e evi­ dente: estos risos falsos e dissimulados, que Isabel ensaiava, sao urn excelente tirocinio para as infidelidades conjugais ... Nem outra atitude era de esperar duma donzela que, com estas frioleiras se preparava para o casamento.<< 16 >>[Isabel representa a la mujer] who is wholly uninterested in questions of morality.<< 17 Como en los ejemplos anteriores, tales opiniones hacen caso omiso de la ironia y el sarcasmo con que Isabel dice todo esto.l 8 Sin embargo, si la ironia y el sarcasmo no se notan tan facilmente en los versos ya citados, (CS posible no percibirlos en las ultimas >>promesaS<< que Isabel hace a su madre? mae, deixai-me v6s a mim: vercis como me atavio! (p. 81). iOue no se preocupe su madre, porque ella va a satisfacerla por completo: va a hacerse irresistiblemente vendible con su apariencia! Con el fuerte acento en vas, vereis, Isabel hace comprender inconfundiblemente su insinuaci6n de que esos proyectos de >>perfeccionar« su belleza y sus >>modos<< no ticnen nada que ver con sus propios deseos y conceptos de lo que representa la verdadera belleza y los buenos modos de conducta. castellanas, ed. F. Garcia Madrid, B. A. C., 1959, p. 325). Estas actividades eran parte de la conducta de una mujer virtuosa en el siglo XVI. Sin embargo, por todo lo que hemos ya visto, es obvio que la madre de Isabel quiere que esta se ocupe en estas actividades, ante todo, para crear la apariencia de virtud en la opinion de la gente. Vease nuestro estudio sobre Ines Pereira, citado en la nota anterior. 16 M. Higino Vieira, »Critica Social de Gil Vicente, atraves da Farsa Quem Tem Farelos'« Portucale, 1940, Vol. XIII, No. 76-77, p. 150. 17 R. Hart, Gil Vicente: Farces and Festival Plays, p. 34. 18 El lector imagina que en su replica a la madre, a partir de >>Eu vo-lo-direi«, Isabel imita, con intenciones burlescas, >>her mother's gestures and intonation«, como sugiere T. Hart (Gil Vicente: Farces and Festival Plays, p. 29). 15 Por fin, no debemos pasar por alto tampoco otra declaraci6n de Isabel, en que su ironia y sarcasmo nos parecen aun mas evidentes, por ser tan hirientes: Al describir los »modos<< que va a aprender, para ser como su madre quiere que sea, Isabel afiade: nao digam que fui criada em cima de algum tear! (p. 79). La malicia se hace obvia al recordar el lector que Isabel nunca se preocup6 de lo que la gente pudiera decir, segun su propia afirmaci6n: >>Que tenho eu de ver corn isso?<< (p. 79). La que se preocupa del >>que diran (>>Que dira a vizinhanga?<<, p. 79), es unicarr1ente su madre. De paso observemos que las muchas invectivas colericas con que la madre cubre a Aires Rosado no res­ ponden unicamente al deleite del autor en su poder inventivo en el dominio del lenguaje vituperativo, 19 sino, con toda probabilidad, tambil~n al prop6sito de destacar la preocupaci6n ridicula de aquella »velha rabujenta e meia bruxa<< 20 de demostrar a toda la »vizinhanga<< su ardor en defensa del honor de su casa 21 • Solo en este sentido tiene el muy extenso pasaje de las invectivas plena funci6n dramatica segun nosotros. Es de importancia crucial tener en cuenta la disposici6n de Isabel que hemos destacado arriba tambien para explicar su cita con Aires Rosado. N6tese, ante todo, el hecho importante de que este no le gusta en absoluto a la joven. Lo dice categ6rica y graficamente: Trama a quem o deseja nem espera desejar! (p. 77). Como se ve, a Isabel le parece inconcebible que cualquier mujer pueda desear a este hombre insubstancial. Durante la cita misma se hace obvio por las reacciones de Aires Rosado (>>Oh! Que v6s fa<;:o eu aqui?; Que sao? ... Rebo­ larias?; E mais, ride-vos de mi?; Eu, que difamo de v6s: Ya tornais ao difa­ mar?<<, etc., p. 67, 68 y 70) que Isabello desprecia en todos los sentidos y que todo ese derroche de declaraciones amorosas la deja por completo fria e indiferente. Esto ultimo se reafirma, con rasgo c6mico genial, en la revelaci6n de Isabel de que al escuchar la >>gran recuesta<< de Aires Rosado se le quedo »UID pe dormente<< (p. 69). iLa sangre no hierve por las venas de Isabel al escuchar a Aires Rosado! Se podria quizas pensar que Isabel escucha tanto tiempo las declaraciones amorosas de Aires Rosado, porque, a pesar de considerarle despreciable, este representa, en un sentido simb6lico, su unico contacto directo, libre, con el mundo exterior y con el amor, lo cual pondria aun mas de relieve su deses- 19 H. Hamilton-Faria, The Farces of Gil Vicente, p. 129: >>The invectives heaped upon Aires Rosado save this farce from being rated among the least creative and expressive of the vicentine comedies.<< Vease el muy interesante anaiisis de estas invectivas en Paul Teyssier, La Langue de Gil Vicente (Paris: 1959), pp. 504-506. 20 Higino Vieira, »Critica Social de Gil Vicente, atraves da Farsa Quem Tern Farelos?<<, Portucale, 1940, Vol. XIII, No. 78, p. 200. La madre de Isabel revela un gran parecido, en varios aspectos, con Bernarda Alba. ' 1 Higino Vieira, observa bien que la madre reprende a la hija s6lo >>para salvar as aparencias e dar satisfagao a opiniao publica<< (Portucale, 1940, Vol. XIII, No. 78, p. 202). 16 perada situaci6n. 22 Esta posible explicaci6n se armoniza oon otra que, a su vez, coincide y refuerza considerablemente nuestra interpretaci6n de la actitud sarcastica e ir6nica de Isabel como factor decisivo para comprender la 16gica de todas las situaciones en la obra. Comentando el pedido que Aires Rosado hace a Isabel: >>Ide ver se esta acordada [la madre] (p. 72), M. de Lourdes Saraiva dice; >>0 Escudeiro pede a Isabel que va ver se a mae dorme, apenas para ficar mais a vontade; mas Isabel nao percebe e diz a Mae que o Escudeiro lhe pretende falar<< .23 Nos parece muy perspicaz la observaci6n de que la madre no sorprende a su hija y a Aires Rosado en la cita, como piensan otros criticos, pero, por desgracia, no coincidimos con la conocida estudiosa en que Isabel despierta a su madre por mera simpleza mental. Creemos mas bien que lo hace de modo por com­ pleto deliberado y con complacencia perversa. Su mayor deseo es precisa­ mente que su madre la encuentre con Aires RiOsado, porque tal suceso, visto desde su animo frustrado y rencoroso, representa la venganza mas apropiada. (No le ha ensefiado su madre a vivir y a conseguir marido a base de puras apariencias exteriores? (No le ha hecho quizas comprender harto bien que Ios valores genuinos, internos de la persona son irrelevantes? Con hiriente sarcasmo, Isabel se proyecta como discipula excelente, hacienda ver a su madre el resultado concreto de esas ensefianzas: su cita con Aires Rosado, a quien todo el mundo conoce como individuo sin subst~mcia alguna; quien vl.ve de meras apariencias ridiculas y quien se afana en engafiar a todo el mundo con ellas. 24 La madre se lanza contra el escudero: Que nao fartas de pao e queres musiquiar, etc. (p. 76), con Io cual Isabel tiene la certeza de haber realizado su prop6sito, pero, claro esta, no enteramente, pues, (no seria quizas por oompleto inconcebible que 22 En toda esta escena no se oye nunca la voz de Isabel, quien escucha a Aires desde la ventana de su cuarto. T. R. Hart comenta este hecho asi: >>This is, of course, wholly unrealistic: since he [Aires Rosado] obviously hears what she has to .say, there is no very good reason why we should not hear it, too« (Gil Vicente: Farces and Festival Plays, Preface, p. 29). Podria arguirse que con este procedimi­ ento se nos ofrece, en efecto, una vision mas realista de la situaci6n, pues la voz de Isabel, en el cuarto. no puede ser audible como la de Areis Rosado, en la calle. Sin embargo, creemos que Gil Vicente tuvo otros motivos para ello: la figura de Isabel encubierta por la oscuridad del cuarto, su voz que el publico no puede oir en absoluto simbolizan, de modo muy sugestivo, su situaci6n de mujer oprimida. Uno de Ios mas extraordinarios efectos dramaticos de esta obra consistira preci­ samente en el contraste que despues se producira entre esta pasividad de Isabel que se nos hace percibir de modo tan interesante y la explosion vold.nica de su replica a la madre, con que >>desagrava os seus direitos« (Joaquim Leitao, >>A Mulher na obra de Gil Vicente«, en Gil Vicente: Vida e Obra, Academia das Ciencias de Lisboa, 1939, p. 436). Isabel puede compararse, en varios aspectos, con las hijas de Ber­ narda Alba. Varios criticos (Hart, Vieira) han sugerido una semejanza entre Isabel e Ines Pereira y Constan<;a del Auto da India. El paralelo con Ines nos parece justificado hasta cierto punto; con Constan<;a, no en absoluto. Veanse nuestros estudios sobre Ines Pereira y el Auto da India en Estudios sabre el teatro de Gil Vicente - Obras de tema amoroso, BBMP, 1983. " Sdtiras Sociais, nota en la p. 72. 24 El hecho de que Isabel rechace toda responsabilidad por la presencia de Aires Rosado debajo de su ventana (»Pois si! Eu o fui chamar?«, p. 77) no con­ tradice nuestra sugerencia. 2 Acta 17 su madre comprendiera, con toda claridad, hasta que punto se asemeja ella misma al engaii.oso escudero que reprende con tanta c6lera? Quem Tem Farelos? se concluye con este dialogo: Isabel: Isso vai sendo de dia: eu quero, mae, almo9ar Velha: Eu te farei amassar ... Isabel: Essa e outra fantasia! (p. 81). Este modo brusco de acabarse la obra suele perturbar a 1os criticos, pues aii.oran una >>verdadera<< conclusion de las acciones dramatizadas: >>E assim, ante o nosso pasmo, porque nao esperavamos tarn subito corte fenece este primeiro tenteio de satira social entre nos«. 25 Por la misma raz6n, en parte, se opina tambien que Quem Tem Farelos? >>nao e obra do pensador que profunda o amago dos acontecimientOS<<. 26 jQue ironia! .:No se dramatiza qui zas de modo genuinamente genial la (mica conclusion verosimil de la situa­ ci6n anteriormente presentada? Por las peculiares actitudes que la madre y la hija han adoptado frente a la vida, por las razones que hemos visto, sus futuras relaciones estaran de seguro henchidas de hostilidad y rencores. Es este l6brego futuro lo que se preanuncia, con recurso dramatico tan extra­ ordinaria, al fin de la obra. * * -:,'( Refiriendose a los personajes de las farsas gilvicentinas, entre los cuales se encuentran esos notorios >>hinchados<< hidalgos y escuderos, Menendez Pe­ layo afirma que »hay que llegar hasta El Lazarillo de Tormes para encontrar creaciones semejantes«. 27 A partir de esta observaci6n del ilustre poligrafo, los editores y criticos de esta famosa novelita (1554) suelen recordarnos a veces que los hidalgos y escuderos gilvicentinos (Farsa de Ines Pereira, 0 Juiz da Beira, Quem Tern Farelos?, Farsa dos Almocreves, etc.) representan ante­ cedentes interesantes del famoso escudero de Lazarillo de Tormes: En fin on n'a pas assez pris garde que le Tratado Ill, celui de l'>>escudero<<, considere a juste titre comme la partie proprement geni­ ale du Lazarillo, a lui-meme des assises folkloriques et litteraires, sans lesquelles l'auteur n'aurait peut-etre pas songe a le b:Hir ... deja le theatre de Gil Vicente, entre 1515 et 1530, nous montre l'escudero porte sur la scene au Portugal comme un personnage de farce parfaitement dessine, sinon stereotype, avec des traits qui annoncent etrangement ceux du maitre de Lazare. 28 Bataillon y otros estudiosos destacan algunas analogias importantes, 29 pero de un modo mas bien fugaz, y dejan sin sefi.alar varias otras que a nosotros parecen muy significativas. Asi, principalmente en consideraci6n de la gran " M. Higino Vieira, >>Critica Social de Gil Vicente, atraves da Farsa Quem Tern Farelos?,« Portucale 1940, Vol. XIII, No. 74-75, p. 92; 1941, Vol. XIV, No. 79, p. 27. 26 Ibid. 27 Marcelino Menendez Pelayo, »Gil Vicente«, en Obras Completas de M. Me­ nendez Pelayo (Santander: Aldus, 1944), Vol. XIX, pp. 380-381. 28 Marcel Bataillon, Introduction (pp. 27-28) a la traducci6n del Lazarillo de A. Morel-Fatio, La Vie de Lazarillo de Tormes (Paris: Ambier, Editions Montaigne, 1958). 29 M. Battaillon, Ibid.; Angel Valbuena Prat, La novela picaresca espaiiola (Ma­ drid: Aguilar, 1946), p. 34; Francisco Rico, Lazarillo de Tormes (Barcelona: Planeta, 1976), pp. XXXIII-XXXV. 18 importancia que implica el problema de las fuentes de Lazarillo de Tormes, seglin lo comprueban los ya numerosos estudios escritos sobre ellas, intenta­ remos un cotejo mas detenido que los anteriores de los personajes gilvicenti­ nos - amos y criados - de Quem Tern Farelos? con el escudero y su criado de la genial novelita espafiola. Al encontrarse en la calle Ordonho y Aparic;o, >>moc;os de esporas«, este contesta al saludo de aquel (»C6mo te va compafiero?«) de un modo muy malhumorado: Se eu mora corn urn escudeiro, coma me pode a mi ir bem? (p. 54). Aparic;o elabora su contestaci6n, destacando en graficos detalles la extrema pobreza de su amo: Tn~s anos ha que sou seu e nunca lhe vi cruzado! urn tostao nos dura urn roes! Nao tern urn maravedi ... (p. 55, 56 y 66). A Ordonho no le sorprende en absoluto esta revelaci6n, pues, su propio amo, tambien escudero, padece igual miseria: Que, aun que le quieran hurtar, no ha hi de que sisar ni el triste no lo tien! y quanta el cuytado lleva todo lo lleva alquilado (p. 61 y 60). El lector evoca »la bolsilla<< del escudero que Lazarillo halla, »sin maldita la blanca, ni sefial que la hobiese tenido mucho tiempo« (p. 54) 30 y el »real« que un dia, no se sabe por »cual dicha o ventura« extraordinaria, »entr6 en el pobre poder« de su amo (p. 56), como tambien la casa desolada y vacia de este, en que Lazarillo no encuentra »ni tajo, ni banco, ni mesa«, sino tan solo »paredes«, aunque su amo se preocupe mucho en »tener cerrada la puerta con Have« (p. 44). Claro esta, la casa y aun la »negra dura cama« (p. 50), en la que el escudero duerme, estan alquiladas. En efecto, tan grande es la pobreza del amo, lamenta Aparic;o, que: Morremos ambos de fome nao comemos quase nada (p. 59 y 56). Lazarillo llora su »cercana muerte venidera«, (p. 45) porque, por identicas razones, el y su amo no comen nada o »casi nada« (p. 47). »Nem de pao nos fartamoS<< (p. 56), continua lamentandose Aparic;:o. Cuando, por algun milagro, entra algun pedazo de pan en la casa, su amo, por completo olvidado de cualquier decoro social y cediendo a la terrible hambre que lo aqueja, lo agarra: e chanta nele bocado coma cao! (p. 57). 3 ° Citamos por la edici6n de Lazarillo de Tonnes de Francisco Rico: (Vease nota anterior). Indicamos la pagina en parentesis tras la cita. 2~ 19 jQuien no rccuerda la escena en que el escudero comienza »a dar fieros boca­ dos« (p. 46) en el pedazo de pan y otra en que roye »mejor que un galgo« (p. 53) la una de vaca que le ha traido el compasivo Lazarillo! Este comparte con su desvalido amo lo que consigue en la calle, encomendandose »a las buenas gentes« (p. 51). Aunque no hay ninguna referencia explicita a ello, parece que en Quem Tem Farelos? ocurre algo semejante. (De que otro modo entran esos ocasionales »pedac;os de pao« en la casa del escudero? (Recuer­ dese la observaci6n de Aparic;o: »Nao tern urn maravedi ... ele nao tern que me dar, nem ele tern que lhe eu de«, p. 57 y 66). Considerando >>la negra que llaman honra« (p. 50), que lo inhibe del mismo modo que al amo de Lazarillo, seria inconcebible que el de Aparic;o trajese >>pedacos de pao« de la calle, por la caridad de >>las buenas gentes«. 31 De hecho, en la calle se afana en procla­ mar a todos los vientos no solo su suficiencia, sino su abundancia respecto a la comida. En la comiquisima escena de la screnata manda a su mozo que acalle a los perros, que lo ban interrumpido oon sus aullidos, hartandolos de pan: Ou, vai, da-lhes senhos paes! farta-os, erama, de pao (p. 65 y 68). Como ei escudero mismo esta hambriento en extremo por falta absoluta de cualquier clase de comida en su casa (ironiza Aparic;o: >>E ele nao tern meio pao«, p. 65), su orden corresponde perfectamente, en intenci6n, a la aparici6n del amo de Lazarillo a la puerta de la casa, >>escarbando<< con la paja >>los que nada entre si tenian (p. 56) para convencer a todos que ha almorzado bien. Frente a su propio criado, cuando mas hambriento esta, afecta sufi­ ciencia y bienestar, asimismo como el amo de Lazarillo: Vem tao ledo! Sus! Cear! Como se tivesse que! (p. 57). Creemos que nuestras sugerencias de que en Quem Tem Farelos? el criado mantiene al amo limosneando encuentra respaldo en la muy significativa escena inicial, en que los dos mozos, Aparic;o y Ordonho, piden por las calles salvado para el caballo y la mula de sus amos: >>Quem tern farelos?« (p. 53). M. de Lourdes Saraiva comenta, >>0 auto revela que seria costume a compra pela ruas, corn pregao do genero«. 32 Sin embargo, recordando siempre que los amos no tienen dinero en absoluto (Aparic;o declara no haber visto ni un cruzado en la posesi6n de su amo en >>tres anos«, en el preciso momento en que esta pidiendo salvado, p. 55), (Con que comprarian los criados lo que buscan? N6tese el hecho significativo de que nadie contesta a sus pedidos: Ordonho: Quierome ir a la posada? Aparic;:o: E os farelos? Ordonho: Paja sola! (pp. 61-62). 31 El amo de Ordonho se sustenta, en parte, alquilando la >>mula seca como un palol<< (p. 51) que tiene. 32 Gil Vicente: Sdtiras Sociais, nota en la p. 53. 20 Siendo del todo inverosimil que en el pueblo no hubiera salvado para vender, c:no es quizas justificado pensar que »las buenas gentes« estan ya hartas de abastecer salvado, por caridad, a los animales de los presuntuosos y parasiticos escuderos? En el contexto de toda la situaci6n en la obra, el »Quem tern farelos ?« de Apari<;:o - prim era linea del texto - revela de modo muy sugestivo la abnormalidad e ironia de toda la relaci6n entre amo y criado. Creemos que solo por no haberse percibido la importante funci6n dramatica de la busqueda del salvado por parte de los criados, en el sentido sugerido arriba, se pudo criticarle injustamente al autor de haber creado una escena dramaticamente inconsecuente: »Na Farsa Quem Tem Farelos? ha inverossimilhan<;:as. Ordonho e Apari<;:o vem a buscar farelos nao se sabe aonde ... e afinal esquecem-se de comprar os farelos, intuito prir:.cipal a que vieram.<<3 3 Entre los momentos mas divertidos y reveladores de la psicologia y la estrategia engafiosa del escudero se encuentran las racionalizaciones de que este se sirve, simulando una postura de profunda sabiduria salom6nica, para explicar a Lazarillo cuan preferible es que no coman: Sefior, mozo soy que no me fatigo mucho por corner ... Virtud es esa - dijo ei ... Porque el hartar es de los puercos, y el corner regalada­ mente es de los hombres de bien ... vivinis mas y mas sano ... Porque no hay tal cosa en el mundo para vivir mucho que corner poco (p. 45 y 47). Descontadas ciertas importantes diferencias de actitud y tono en las rela­ ciones entre amo y criado en las dos obras (se debe destacar especialmente que la cordialidad, el afecto y la compasi6n estan totalmente ausentes en la pareja gilvicentina), en Quem Tem Farelos? hay una escena, en particular, que nos resulta sugestivamente parecida a la de Lazarillo de Tormes presentada arriba: Aires Rosado: Apari<;o, bem sei eu que te faz mal tanto vi<;o. Apari<;o [aparte]: E desde ontem, nao comemos! Aires Rosado: Vilao farto, pe dormente (p. 64). Para calmar a Lazarillo y, ante todo, para no tener que revelarle su extrema indigencia, su amo recurre a menudo a promesas de una inminente satisfacci6n y prosperidad para ambos: »despues cenaremos; mas agora hacerlo hemos de otra manera; presto nos veremos sin necesidad; en esta desastrada [casa] no hemos de estar mas de en cumpliendo el mes,« etc. (p. 45, 47, 52, 56). Para poder retener a Apari<;:o en su servicio, Aires Rosado asimismo le hace continuas y aun mas extravagantes promesas (aunque, claro esta, las del amo de Lazarillo no son en absolute mas faciles de realizar): Apari<;o: Diz que m'ha de dar a El Rei e tanto >>farei, farei« ... (op. 58). Ademas de las continuas promesas que le hace su amo, Apari<;:o parece tener otra raz6n para quedarse con el. Cuando Ordonho se extrafia de que 13 I1L Higino Vieira, »Critica Social de Gil Vicente, atraves da Farsa Quem Tem Farelos?« Portucale 1941, Vol. XIV, No. 79, pp. 27 and 28. 21 a pesar de las muchas deprivaciones Aparic;:o siga al serv1c10 de Aires Rosado (>>Y pues porque estas con el?«, p. 58) recibe esta contestaci6n: Aparic;:o: Bofa! Nao sei qual me tome! Sou ja tao farto de fome como outros de corner (p. 59). En cuanto estos versos se interpreten como una reflexi6n esceptica sobre la posibilidad de encontrar un amo dispuesto a tratarle bien, las considera­ ciones fatalistas de Lazarillo, al ocurrirsele la idea de dejar a su segundo amo (segU.n las recuerda cuando sirve al escudero), son sugestivamente parecidas a las de Aparic;:o: »alli se me vino a la memoria la consideraci6n que hacia cuando me pensaba ir del clerigo, diciendo que aunque aquel era desventurado y misero, por ventura toparia con otro peor« (p. 45). 34 A pesar de la »afligida y hambrienta persecucion« (p. 56) que padece, el amo de Lazarillo se pavonea por las calles, en nombre de la »negra que llaman honra«, pretendiendo gran holgura econ6mica: .:Quien encontrara a aqucl mi senor que no piense, segun el contento de si lleva, haber anoche bien cenado y dormido en buena cama y, aun agora es de mafiana, no le cuenten por muy bien almorzado? ... .:A quien no engafiani aquella buena disposicion y razonable capa y sayo? .:Y quien pensara que aquel gentil hombre se paso ayer todo el dia sin corner con aquel mendrugo de pan que su criado Lazaro trujo? (p. 49). Este adem{m ridiculo que el escudero siempre exhibe en publico para poder sostener la mentira de su bienestar e importancia personal ,:no esta quizas tambien plenamente prefigurado en los siguientes pasajes de Quem Tem Farelos? en que los criados se mofan de »la patetica vanidad de sus amos?« Aparic;:o: Nao comemos quase nada eu, o cavalo nem ele. E se o visses brasonar e fingir mais de esforc;:ado! E todo o dia aturado se lhe vai em se gabar! Nao sei como se mantem que nao esta debilitado que nao comeu hoje bocado!" Ordonho: Suefiase muy gran senor y no tiene media blanca! (p. 56, 57, 59). No tienen ni »media blanca« estos individuos (aun los miseros efectos personales que tienen »todo lo llevan alquilado«) y no obstante alardean de poseer riquezas inauditas: " De la relaci6n entre lazerar, lazeria, y Lazaro, nombre que el autor an6nimo escogi6 para el protagonista de la famosa novela se han expresado ya muchas opiniones. Sin embargo, consideramos oportuno sefialar que en Quem Tem Fa­ relos? Apari<;o, criado del escudero, se identifica con su mucha lazeira: Morremos ambos de fome e de lazeira todo o ano! (p. 54). 35 M. de Lourdes Saraiva: »Aires Rosado: os nomes dos personagens de Gil Vicente sao, geralmente, significativos do caracter respectivo. Neste caso: ares (aparencias) rosadas« (Gil Vicente: Sdtiras Sociais, nota en la p. 62). 22 Aires Rosado: tenho mais tape<;aria cavalos na estrebaria que nao M. na Corte tais! (p. 72). Creemos que se deben sobreentender alardes parecidos por parte del escu­ dero de Lazarillo de Tormes, ademas de tener en cuenta su presuntuoso y engafi.oso ademan de bienestar con que se ostenta en publico, cuando oimos que la vieja que viene a cobrar el alquiler pregunta a Lazarillo: »c:Que es de la hacienda de tu amo, sus areas y pafios de pared y alhajas de casa?« (p. 64). A Lazarillo mismo el escudero declara: >>No soy tan pobre que no tengo en mi tierra un solar de casas ... que valdrian mas de dosciento roil maravedis ... un palomar ... y otras cosas« (p. 61). De igual modo coma el amo de Lazarillo, quien a pesar de todas sus pateticas deficiencias personales se proclama igual a los mas >>altos«, >>de el rey abajo« (p. 60, 61) y quien se queja de los »Senores de titulo<< que no lo aprecian ni reconocen sus extraordinarias habilidades (a todos los amos potenciales desprecia y denigra: >>gente tan limitada«, etc., p. 62), Aires Rosado alardea de su >>insigne« abolengo que le otorga el privilegio - ila el solo! - de un trato intima con el rey y que, simultaneamente, justifica su actitud de altivez hacia los demas: Porque urn escudeiro privado como eu sou, e, de parte meu av6, sou fidalgo afidalgado. Ja privan<;a corn El-Rei, a quem outrem-ve nem fala! Apari<;o [aparte]: Deitam-no fora da sala (p. 71). Hablando de su propio amo, pero con total aplicabilidad tambien al de Apari<;o, Ordonho observa: Y, sobre ser el pear, burla de buenos y malos! (p. 61). El misterio con que el escudero envuelve sus andanzas, en gran parte, sin duda, para encubrir la verdad acerca de su miserable condici6n (>>no se yo c6mo o d6nde andava y que comia,« dice Lazarillo, p. 55) tiene su contraparte en el secreta que mantiene Aires Rosado respecto a sus queha­ ceres cotidianos, incluso con su propio criado: Ordonho: Con quien vive? [,:A quien sirve?] Apari<;o: Que sei eu? (p. 54). Cuando el escudero no esta >>papando aire por las calles« (p. 53) pasa el tiempo >>paseandose por el patio« (p. 51) de su misera casa, compadecien­ dose por su >>adversa fortuna« y de seguro tambien inventando las >>dulzu­ ras« - Ni Ovidio escribi6 tantas, nos informa Lazarillo - que al salir a la calle piensa decir, >>hecho un Macias«, a las mujeres dispuestas a oirlas (p. 50). En Que1n Tem Farelos? Apari<;o invita a Ordonho a ir con el a diver­ tirse, escuchando »as trovas frias, sem gra<;:a, vazias« (p. 55) que su amo 23 >>passeando pela casa« y >>Sempre falando SO ... fez a dama« (p. 55, 62). 36 Estos interminables paseos de Aires Rosado >>pela casa« se deben principal­ mente al hecho de que durante el dia esta >>Sempre encerrado«, porque >>anda mal roupado« y >>nao ousa de se mostrar« en publico (p. 56). El amo de Lazarillo es indigente en el mismo aspecto, pues >>a falta de pafio de manos« debe secarse la cara y las manos con la >>halda del sayo« (p. 49), pero todavia tiene >>razonable capa y sayo« (p. 49) con que salir a la calle sin vergiienza. Cuando estos ya no sean tan >>razonables«, c:cabe quizas dudar en absoluto de que no se atreva a salir, sino cuando »vem alta noite« (p. 57), como Aires Rosado, su correligionario en >>las cosas de la honra« (p. 59)? Con toda probabilidad, se debe a una gran aprehensi6n por el inminente desgaste de su capa, lo cual lo obligaria a renunciar a sus andanzas diurnas la extrema atenci6n con que la cuida: >>Desque fuim.os entrados<<, narra Lazarillo, >>quita [el escudero] de sobre si su capa y, preguntando si tenia las manos limpias, la sacudimos y doblamos y, muy limpiamente soplando un poyo que alii estaba, la puso en el« (p. 44). Antes de salir a la calle, comunmente en busca de alguna >>gran recuesta<< con alguna mujer, los escuderos de Quem Tern Farelos? se asean de un modo obsesivamente meticuloso. De su amo nos dice Ordonho: y presume alla en palacio de andar con damas, el triste! Quando se viste, toma dos horas de espacio (p. 60). Apari<;o observa iguales pnicticas en Aires Rosado: Pentear e jejuar todo o dia sem corner (p. 55). Por su parte, Lazarillo observa que antes de salir a la calle, su amo siempre >>vistese muy a su placer, de espacio<< (p. 48). Una de las cosas que mas le llaman la atenci6n ya en el primer encuentro con el escudero es que 36 M. de Lourdes Saraiva, Sdtiras Sociais, p. 63: >>Os poemas de Aires Rosado sao verdadeiras obras-primas de cabotinismo literario<<. Maria Teresa Rita dice: >>A mesma falta de respeito pela verosimilhanca [como en el dia.Iogo entre Aires Rosado e Isabel] se manifiesta no encadeamento de situaciones. Urn exemplo: o criado do Escudeiro convida urn colega a assistir as >>sandices« poeticas do amo; automaticamente, e sem mais preparos, este aparece em cena a ler o seu cancioneiro« (Citado por Hart, Farces and Festival Plays, Preface, pp. 329-30). Leyendo atentamente el texto, se observa que Aparico convida a Ordonho a la casa del amo: >>Mas vem comigo a veras« (p. 62). Mientras siguen dialogando se dcbe imaginar que caminan hacia la casa. El tiempo esta muy condensado, claro esta, lo cual es un recurso muy socorrido en el teatro. AI decir Apari<;o a su amigo: »Escuta tu e veras« (p. 62) se hace evidente que han llegado al cuarto en que Aires Rosado esta leyendo sus poemas. (Apari<;o sabe muy bien cuales son las actividades de su amo y cuando ocurren). Se podria imaginar todo esto tambien de otro modo: la primera escena en que Apari<;o convida a Ordonho a acompafiarle ocurre en la calle y la segunda en que Apari<;o y Ordonho ya estan en la casa del amo se representa despues de un brevisimo intervalo que sugiere camino ya efectuado. En el teatro de Gil Vicente faltan a menudo las acotaciones escenicas, porque entre otras razones, el mismo era el director de las representaciones en el palacio y asi no las necesitaba para disponer las escenas debidamente. Vease nuestro estudio sobre el Auto da India en Estudios sabre el teatro de Gil Vicente: Obras de tema amoroso, B. B. M. P., 1983, en que discutimos estos problemas tecnicos. Vease tambien la nota 22 de este estudio. 24 este anda por las calles »bien peinado« (p. 42). F. Lazaro Carreter menciona dos ejemplos en la literatura castellana - posteriores a la farsa gilvicentina - en que se alude al peinado del escudero, explicando que se trata de >>notas t6picas y constitutivas de la imagen que de el se forjaba la gente.« 37 Por su parte, M. de Lourdes Saraiva comenta que »o penteado era urn indicativo importantc da clase social a que se pertencia. A gente da corte usava cabelo copado, isto e, crescido e tufado como copa de arvore; o cabelo curto era pr6pio do povo.« 38 Vista, pues, desde esta perspectiva del siglo XVI, la obsesi6n de los escuderos de Lazarillo de Tormes y de Quem Tem Farelos? en vestirse y peinarse meticulosamente no puede interpre­ tarse en absoluto como una loable, aunque excesiva, preocupaci6n con el aseo personal, sino tan solo como un afan patetico de deslumbrar a la gente con su »nobleza<<, por medio de unas muestras externas que no dejan de revelarse como muy ridiculas. Entre las sefiales de su »nobleza<< que los escuderos de Quem Tem Farelos? ostentan, figura tambien su »animo valiente<<, claro esta: Ordonho: Habla en roncas, picas, dalles, en guerras y desbaratas Siempre sospira por guerra, y todo su hecho es nada (p. 60). Como paralelo pertinente evoquemos aquellos momentos en Lazarillo de Tonnes, en que el escudero, para dar aun mas convincente prueba de su »valerosa persona<< (p. 63), exhibe frente a Lazarillo »los aceros tan prestoS<< de su espada, con la cual se obliga »a cercenar un copo de lana<< (p. 48) y con la cual, pretenciosamente cefiida a su costado, »Subese por la calle arriba con tan gentil semblante y continente, que quien no le conociera pensara ser muy cercano pariente al conde de Arcos<< (p. 49). A esta osten­ taci6n de nobleza y valor sirve de contraste muy ir6nico la huida cobarde del escudero, cuando aparecen en su casa sus acredores, un hombre y juna vieja! (p. 63). A pesar de todas las pretensiones de nobleza y todas las »dulzuraS<< que los escuderos dicen a las mujeres, estas no se dejan engafiar por las apa­ riencias. De su amo, Aires Rosado, dice Apari<_;o: Nenhuma negra tripeira nao no quer Todas querem que lhe dem e nao curam de cantar (pp. 58-59). De hecho, Isabel, a quien Aires Rosado corteja, se indigna con estas pa­ labras reveladoras: Trama a quem o deseja Nem espera desejar (p. 77), 37 Femando Lazaro Carreter, Lazarillo de Tonnes en la picaresca, (Barcelona: Ariel, 1972), p. 138. " Gil Vicente: Sdtiras Sociais, nota en la p. 55. 25 y su madre, con mucho menos delicadeza, le echa en cara su hambre que no puede encubrir, por mucho que se empefie, con su enganosa presunci6n: Vai corner, homem coitado, e da ao Demo o tanger! (p. 76). En Lazarillo de Tonnes, segun recuerda todo lector, las mujeres, con quienes el escudero esta en »gran recuesta«, diciendoles »dulzuras«, lo dejan pronto >>para el que era<<, sientiendole »la enfermedad«, es decir, conociendolo como pobre que no puede brindarles ni un almuerzo, aunque, »hecho un Macias«, muy otra cosa presuma (p. 50). Al verse despreciado y calumniado por la madre de Isabel (»bargante rascao«, etc, p. 75), quien considera absurda su persecuci6n de la hija, Aires Rosado declara, aparentemente ofendido y acongojado: Ir-me ei a tierras agenas a chorar meu pesare (p. 76), lo cual parece preludiar de modo muy sugestivo el exilio del escudero de Lazarillo de Tormes en Toledo y las lamentaciones de su »adversa fortuna« (p. 63), por haber salido de su tierra para salvaguardar su honra del »desprecio« de ciertos compatriotas suyos. Por fin, es importante notar la dicotomia que se pone muy de relieve entre los alardes de nobleza y honor y la falta completa de moralidad y virtud en Aires Rosado: Aires Rosado [habla a I sa bel]: Que o saiba vosso pai e vossa mae: hao de folgar tenho mais tape<;aria, cavalos ... Apari<;o: 0 Jesus! Que mau ladrao! Quer enganar a coitada! (p. 72). El amo de Lazarillo nos da amplias pruebas de su ruindad al exponernos, con pervertido orgullo, todas las acciones deshonestas e hip6critas de que el seria capaz, si se encontrara al servicio de alglin »Senor de titulo«; al engafiar a sus acreedores y tambien, claro esta, al abandonar a la merced de estos a su compasivo y carifioso criado.39 Como observa F. Rico, »Quem Tem Farelos? nos presenta ya acufiada la pareja celebre del escudero y su criado«. 40 Este, especialmente Apari<;:o, revela unas semejanzas sugestivas con Lazarillo, en particular respeto a la situaci6n en que se encuentra con su amo, seglin ya se ha mostrado en las consideraciones anteriores sobre sus relaciones con Aires Rosado. A conti­ nuaci6n sefialamos varias otras analogias en la presentaci6n de los dos mozos que nos parecen significativas. 39 Vease »El buen hidalgo« en Lazarillo de Tormes en la picaresca, pp. 187- 192, en que F. Lazaro Carreter objeta con raz6n a la idealizaci6n del escudero por parte de algunos criticos. Vease tambien nuestras consideraciones: >>Torres Naharro y la picaresca« en El pensamiento satirico y humanistico de Torres Naharro (S~tander: 1977), Vol. I, pp. 230-236. 40 Lazarzllo de Tormes, Introducci6n, p. XXXIII. 26 Las revelaciones que Aparic,:o hace de su misera vida a su compafiero constituyen, de hecho, una autobiografia del desvalido. Con este respecto no deja de ser sugestiva la gran frecuencia del pronombre personal en primera persona, fuertemente acentuado, a traves de toda su conversaci6n con Ordonho. Este es el interlocutor, pero resulta evidente que tambien sirve de pretexto conveniente para que Aparic,:o se desahogue con el relato de su »adversa fortuna«. Ordonho tiene, en suma, la misma funci6n esencial que »Vuestra Merced«, destinatario del relato autobiografioo de Lazarillo. 41 Cabe tambien preguntar: los dialogos que Lazarillo reproduce en su narra­ ci6n, c:no son quizas, entre otras cosas, una reminiscencia, un reflejo reve­ lador de la forma dramatica original en que se inspir6 el autor? 42 Respecto a la forma autobiografica del relato que discutimos, nos parece muy interesante la observaci6n de Lazaro Carreter, segU.n la cual »hay un Lazaro que rezonga y adivina consigo r;nismo«, 43 segun se puede apreciar en varios momentos de la famosa novela. Por ejemplo: Virtud es esa - dijo el [el escudero] ... Porque el hartar es de los puercos, y el corner regaladamente es de los hombres de bien. iBien te he entendido! - dixe yo entre mi! - (p. 45) Digote, Lazaro ... que nadie te lo ve hacer [corner] que no le pongas gana, aunque no la tenga. La muy buena que tu tienes - dixe yo entre mi - te hace parecer la mia hermosa (p. 52). Considerense ahora los siguientes pasajes de Quem Tem Farelos (entre otros que no consideramos necesario reproducir): Aires Rosado: Aparic,:o, bem 'sei eu que te faz mal tanto vic,:o. Aparic,:o [aparte]: E desde on tern nao comemos". Aires Rosado: Vai, da-lhes senhos paes! Aparic,:o [aparte]: E ele nao tern meio pao ... Aires Rosado: Porque urn escudeiro privado ... Aparic,:o [aparte]: Mas pelado! (p. 71). Estas reflexiones y reparos ir6nicos de Aparic,:o, en los apartes, a las declaraciones y acciones estrafalarias de su amo, representan el punto de vista, el intimo sentir del desvalido. Este mozo rezongador, c:no preludia ya muy claramente a Lazarillo tambien en este aspecto fundamental? SegU.n se puede apreciar por el cotejo que acabamos de hacer (y que no pretende ser exhaustivo), entre la pareja del escudero y su criado de 41 Claro esta, Aparic,:o tiene la misma funci6n respecto a la narraci6n, aunque mas breve, de las »lazeriaS<< de Ordonho. 42 M. Higino Vieira: »A narrativa s6bre os dois hidalgos e exposta pelos respectivos criados e constitui a primeira parte da farsa ... ; a acca.o ocupa t6da a segunda parte.« (»Critica social de Gil Vicente, a travcs da Farsa Quem Tern Farelos?«, Portucale, 1940, Vol. XIII, No. 76-77, p. 143). Narraci6n y acci6n son, pues, dos elementos constitutivos ya en Quem Tern Farelos?. " Lazarillo de Tonnes en la picaresca, p. 149. 27 Quem Tem Farelos? y la de Lazarillo de Tonnes hay extraordinarias seme­ janzas que abarcan tanto las situaciones generales como los episodios parti­ culares en que protagonizan los personajes, sus manifestaciones externas y psiquicas, detalles de dicci6n, de expresi6n verbal, tecnicas narrativas, diaiogos . . . Tantas significativas coincidencias hay que resulta de veras dificil imaginar la creaci6n del Tratado Ill de Lazarillo de Tormes total­ mente independiente de la farsa gilvicentina. Diriamos asi que entre todas aquellas »assises folkloriques et litteraires« aducidas hasta ahora por la critica, »Sans lesquelles I'auteur n'aurait peut-etre pas songe a le batir [el Lazarillo de Tormes]«, 44 Quem Tern Farelos? debiera considerarse, respecto al Tratado Ill, como la mas sugestiva y la mas importante. Sin embargo, aceptando como muy probable el conocimiento de Quem Tern Farelos? por parte del autor de la famosa novela espafiola, a pesar de todas las seme­ janzas constatadas, la originalidad de esta no quedaria disminuida en abso­ luto. Ante todo, tanto los escuderos de Quem Tern Farelos? como el de Lazarillo de Tormes son, en esencia, »trasuntos fidelisimos de la vida penin­ sular«.45 Con esto queremos decir que los respectivos autores, probablemente hombres de ideologia y de intenci6n satirica muy parecidas, encontraron la inspiraci6n mas importante en la realidad misma, en la existencia coti­ diana de esos pateticos individuos. Por otra parte, la imitaci6n de elementos folkl6ricos y Iiterarios por el autor de Lazarillo de Tormes conlleva siempre una innovaci6n. Este hecho, ya observado por muchos criticos, se compro­ baria de un modo muy convincente en un analisis dedicado especificamente a examinar la originalidad del Tratado Ill respecto a Quem Tern Farelos? Un estudio semejante revelaria, ante todo, la radical originalidad del an6- nimo autor en el proceso mismo de imitar el modelo. 46 A Quem Tem Fa- 44 Vease nota 28. 45 M. Menendez Pelayo, Gil Vicente, p. 381. Recordemos una contestaci6n de Apari<;:o: Se eu moro corn urn escudeiro, como me pode a mi ir bem? Esta pregunta tan patentemente ret6rica tiene valor hist6rico, documental, porque presupone como hecho universalmente conocido y aceptaclo la insubstancialidad del estado escuderil ya a principios del siglo XVI. 46 Entre los aspectos mas importantes que habria que examinar atentamente fiourarian las esporadicas revelaciones del criado que constituyen un punto de vi~ta que en Lazarillo de Tormes se transforma en una vision individual de la vida y en el problema central de la obra; las meras alusiones de los personajes de Quem Tern Farelos? que en Lazarillo de Tormes se recrean en extraordinarias situaciones. Por ejemplo, Ordonho declara que su amo es tan pobre que en su casa »no hay hi de que sisar«. En Lazarillo de Tormes se produce una escena fascinantemente c6mica al presentarsenos el escuchero mismo con una pretendida preocupaci6n por los bienes inexistentes de su casa: »Lazaro . . . mira por la casa ... y cierra la puerta con Have, no nos hurten algo« (p. 48); cambios en los episodios para matizar los caracteres con rasgos anteriormente inexistentes. Por ejemplo, en Quem Tern Farelos? el escudero reprende a Apari<;:o por su tardanza: »Coma tardaste!<< (p. 64). Lazarillo teme una reprensi6n parecida cuando vuelve tarde: »Pense que me queria refiir la tardanza« (p. 51), pero esto no ocurre, pues a su amo lo distraen por completo >>el pan y las tripaS<< que Lazarillo trae »en cabo de la halda«: >>Mostr6 buen semblante ... « (p. 51). En las paginas anteriores hemos sugerido algunos cambios parecidos. 28 relos? corresponderia el gran merito de haber proporcionado muchos im­ portantes incitamientos y sug€rencias y, claro esta, la aun mayor distinci6n de contener el primer retrato completo del pundonoroso y famelico escudero. ((1505?) 47 en las literaturas ibericas, que en su prop~o contexto literario y dramatico no es menos original e interesante que el que apreciamos en Lazarillo de Tormes. 47 Es posible que Quem Tern Farelos? se haya escrito en 1515, como sugieren algunos eruditos, pero en la rubrica de la obra se indica 1505 como aiio de composici6n. (Vease: Gil Vicente: Obras Completas, Porto; Livraria Civilizat;:ao, cd. de Alvaro Julio da Costa Pimpao, 1962, pp. 550-551). 29