UDK 821.134.2.09 Cervantes Saavedra M.d. DON QUIJOTE Y LOS REBUZNADORES Stanislav Zimic Para la aventura del rebuzno,1 que se considera generalmente como "cuento folclórico,2 se han señalado varias posibles fuentes, nacionales y extranjeras, antiguas y modernas, protagonizadas por un asno - símbolo universal y sempiterno de la estupidez y la ignorancia (pace Platero) - que, de un modo u otro, es la causa de cómicas, ridiculas, absurdas o festivas rivalidades, contiendas, pendencias, guerras...3 También se han sugerido como antecedentes ciertos sucesos supuestamente históricos que coinciden, al menos en algunos detalles, con el episodio cervantino,4 pero predomina la convicción de que éste, como todos sus antecedentes, son, en definitiva, sólo "consejas" populares, productos ficticios de la fantasía, sin base concreta, reconocible en la realidad: "From the realistic point of view the episode [el cervantino] is ... inherently improbable".5 De pronto, puntualizaríamos que es tan "improbable" como, característicamente, toda obra literaria, toda creación artística, pues hasta la más naturalista se formula por una selección enteramente arbitraria de materiales y técnicas estructurales. En definitiva, la "probabilidad" de cualquier situación literaria depende sólo de la coherencia de su metáfora, mientras que de la originalidad de ésta depende su impacto particular en el lector. En suma, tan "probables", persuasivas, ¡realistas!, son para nosotros, por ejemplo, las más "fantásticas" aventuras del Persiles como las escenas picarescas de Rinconete y Cortadillo o del Casamiento engañoso. Sin embargo, la aventura del rebuzno nos impresiona como una metáfora coherente y muy ingeniosa, no sólo de una hipotética "probable" situación - con lo que queda salvaguardado el "realismo" - sino, en efecto, de muy notorios hechos históricos, lamentablemente frecuentes en todo el mundo y, por desgracia, de inexorable repetida ocurrencia en cualquier momento. Del tema de la guerra y de sus promotores - que es el que informa la aventura del rebuzno - como también de la tropa y del soldado individual, con quien a veces se identifica él mismo, Cervantes trata con frecuencia en sus obras. "La batalla naval de Lepanto" es para Cervantes "la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos ni esperan ver los venideros" (Prólogo, Novelas 1 Don Quijote, Segunda Parte, caps. 24, 25, 27, 28. Para Todas las citas de las obras de Cerventes nos servimos de la edición de Angel Valbuenta Prat, Miguel de Cervantes Saavedra: Obras Completas, Madrid Aguilar, 1965. Tras las citas del Quijote indicamos, en paréntesis, la página o la parte y la página o la parte y el capítulo. 2 Gaos. El ingenioso hidalgo D. Quijote de ta Mancha, II, 374. 3 Rodríguez Marín, "Los rebuznadores". 4 Ibid. 5 Riley, Don Quixote, 99. 17 ejemplares, 769). En el Prólogo a la Segunda Parte del Quijote la describe con una variación significativa: "la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros [subrayado nuestro]" (1772). Por esta razón, aunque la "herida" que sufrió en esta ocasión "parece fea", él "la tiene por hermosa" (769). En efecto, declara con gran exaltación: "Si ahora me propusieran y facilitaran un imposible, quisiera antes haberme hallado en aquella facción prodigiosa que sano ahora de mis heridas sin haberme hallado en ella. Las que el soldado muestra en el rostro y en los pechos, estrellas son que guían a los demás al cielo de la honra, y al de desear la justa alabanza" (1272). Es célebre el heroísmo, el noble sacrificio de Cervantes en esa "alta ocasión"; de seguro no menos extraordinario que el del tan admirable protagonista del "Cuento del cautivo". Cervantes exaltaría siempre, hasta su muerte, la batalla de Lepanto con el mayor orgullo y con reveladora nostalgia, como "la más alta ocasión" en que participó como soldado de su rey, de su patria y del mundo cristiano contra la amenaza otomana, aunque, como en todo suceso humano, también en ella debió de mezclarse de algún modo lo sublime con lo cómico. Con respecto a esto, es sugerente este testimonio de un soldado italiano: "A tanto furore si giunse e cosi cieco, che in una galea turchesca, mancando ormai ogni munizione di guerra, diedero di piglio perfino a' cedri e agli aranci de' quali avevano gran copia, e cercavano con quelli offendere i nostri...". Hacia el fin de la batalla, otras tripulaciones se vieron obligadas a recurrir a idénticas "armas" produciéndose "in molti luoghi" tal "zuffa", que, como lo destaca el testigo, pese al trágico panorama de desenfrenadas matanzas y de terrible sufrimiento por todas partes, "il vederla [la "zuffa"] era anzi cosa da ridere che no".6 ¡Se está determinando el destino de Europa, del mundo cristiano, a tiros de naranjas y limones! De haberse percatado Cervantes de estas "zuffas" - lo cual es bastante probable considerando el hecho de que éstas explotaban "in molti luoghi" de un espacio marítimo muy apretado y que él fue de los más activos combatientes - fácil es imaginar cuán sugestiva le resultaría a él también tan extraordinaria ironía. También esa solemne "alta ocasión" se le revelaría así, al menos al ser evocada en los años sucesivos, como una representación elocuente de la característica tragicomedia que es casi siempre la vida. Por su combinación peculiar de lo ideal, sublime, con lo cómico, absurdo, pedestre, ciertos episodios y situaciones de las obras cervantinas y, claro está, particularmente del Quijote, nos parecen revelar una muy sugestiva, sutil afinidad con ese tan cómicamente irónico, paradójico acontecimiento. Sin embargo, reiteremos, la exaltación de Cervantes de esa "alta ocasión" permaneció sincera y profunda hasta su muerte, pues, para él, se sustentaba en unas "causas capitales", como justificación de perenne validez de los "varones prudentes" y "las repúblicas bien concertadas" para "tomar las armas y desenvainar las espadas, y poner a riesgo sus personas, vidas y haciendas", es decir, para emprender una "guerra" que se considere "justa" (1369). Para justificar la empresa bélica de España, al frente del mundo europeo, contra la amenaza otomana, Cervantes podría aducir todas las notorias "causas" con que Don Quijote intenta instruir a los rebuznadores beligerantes: "la primera, por defender la fe católica; la segunda, por defender su vida que es la ley natural y divina; la tercera, en defensa de su honra, de su familia y hacienda; la cuarta, en servicio de su rey, en la guerra justa; y si le quisiéramos añadir la quinta, que se puede contar por segunda, es en defensa de su patria" (1369). Téngase en cuenta que para Cervantes, como para la 6 "La battaglia de Lepanto e la poesía política nel secolo XVI", en G. Mazzoni, La vita italiana nel seicento, Milano, 1919, 117-146. 18 mayoría de los españoles, con recuerdo todavía penosamente vivo, alarmado por la rebelión morisca en las Alpujarras, fomentada también por los correligionarios ultramarinos de éstos, esas "causas" estaban revestidas de implicaciones mucho más concretas y compelentes que para los otros europeos. Cervantes sólo considera "justa" la guerra que se emprende "en defensa" de la fe, la vida, la patria, la honra, la familia, la hacienda; es decir, "en defensa" de los más preciados y vitales valores humanos -nótese - y no por "motivos que carece[n] de todo razonable discurso", contrarios a "las leyes divinas y humanas", como lo sería la "venganza injusta, que justa no puede haber alguna que lo sea", o la ambición vanagloriosa, o la insaciable codicia de los bienes ajenos, causa siempre prevalente entre las otras todas: "y sus fieros ministros [de la guerra], codiciosos, / más del rubio metal que de otra cosa, / turban nuestros contentos y reposos" {El trato del Argel, 128).7 No contradice nuestras sugerencias tampoco el parlamento del Duero, en Numancia - quizás la más memorable dramatización de la guerra "justa", en defensa de la dignidad humana - pues su exaltación del imperio "cristiano" de Carlos V, "sitiador de otras naciones",8 se justifica por representar éste el Bien en una contienda milenaria de supervivencia contra el Mal, el imperialismo agresivo, maquiavélico romano, personificado en el siglo XVI por el Papa Clemente VII.9 El deseo que se expresa de continuar la política imperial de Carlos V, en defensa de causas justas y en nombre de sublimes ideales morales, cívicos, nacionales y, sobre todo, del "bien universal" (153), parece inspirar también la Canción Primera a la Armada Invencible, enviada contra un enemigo caracterizado, muy significativamente, como el "Pirata mayor del Occidente" (61). En cambio, en la Canción Segunda a la Armada Invencible, se manifiesta una fuerte desilusión de que esa "empresa justísima" contra "el pirata" haya fracasado, y también, quizás, tras todas las racionalizaciones, de que las armas españolas se hayan revelado tan flagrantemente vencibles (62-63).10 Los dos poemas a la Armada Invencible también se constituyen así en un contraste entre la ilusión idealista y el desengaño, como una semilla que brotaría con gran vigor en las obras sucesivas, particularmente en el Quijote. Es muy significativo que la exaltación de la guerra contra el "Pirata mayor del Occidente" ceda a la de una deseable paz y concordia entre España e Inglaterra y todos los pueblos cristianos en La española inglesa Ya en El trato de Argel se expresa un gran desengaño respecto a las armas y a las estrategias militares españolas para con los moros y, de modo mucho más significativo, respecto a la actitud de Felipe II hacia el problema argelino. Pese a que más de 15.000 cautivos cristianos estaban allí en continuo, inminente peligro de perder "el cuerpo y el alma" (117, 125), el monarca no parecía tener intención de "acabar" lo que "fue por [su] amado padre comenzado" (118), por sus preocupaciones perennes 7 Destaca esta "causa" de la guerra también Osterc. "La guerra y la paz según Cervantes", 23. En este estudio se hacen muchas observaciones interesantes, pero se presta escasa atención a la aventura del rebuzno. s Avalle-Arce, "Poesía, historia, imperialismo: La Numancia", Anuario de letras, II, 1962, 57-58. 9 Ver nuestro estudio sobre Numancia en El teatro de Cervantes. ]() Se ha disputado la autoría de estos dos poemas, pero, hasta ahora, sin argumentos satisfactorios para negársela a Cervantes. 11 Ver nuestro estudio sobre La española inglesa en Las novelas ejemplares de Cervantes. Arbó: "El era hombre de paz; sólo por la paz admitía la guerra y la santificaba, como dijo ... por boca de su loco sublime" (Cervantes, 80). En el libro de Higuera, Eros and Empire. Politics and Christianity in Don Quixote, hay muchas discusiones interesantes acerca de las ideas cervantinas respecto a la guerra y a la paz ("War and peace", 51-69, en particular), algunas coincidentes con, otras discrepantes de las nuestras, pero, no afectan a nuestra exégesis de este episodio - Higuera no lo trata detenidamente. 19 con el luterano y por sus pretensiones políticas respecto a Portugal. "La pujanza de [su] unión cristiana" no se dirige amenazante hacia el moro, sino contra el vecino lusitano, como lo advierte con un indignado reproche un cautivo (117). Las alusiones de éste a la ostentosa pompa militar del ejército español en Badajoz, en momentos tan trágicamente precarios para los cautivos olvidados, hacen evocar las implicaciones satíricas del soneto A la entrada del Duque de Medina en Cádiz■ "Hubo de plumas muchedumbre tanta, / que en menos de catorce o quince días / volaron sus pigmeos y Golfas, / y cayó su edicifio por la planta; /... y al cabo, en Cádiz, con mesura harta, / ido ya el conde [de Essex] sin ningún recelo, / triunfando entró el gran duque de Medina" (51). A las expediciones militares por mera ostentación vanidosa y por completo innecesarias hace referencia también un cautivo que se identifica con Cervantes (1210).12 El espíritu del valiente, sacrificado, leal soldado de Lepanto quedó muy amargado, pues la aparente indiferencia e inercia del rey y de la patria respecto al sufrimiento indecible de sus hijos, le resultaban por completo incomprensibles, injustos y crueles, pese a todas las dificultades y obligaciones políticas de España en otras partes del mundo; quedó profundamente amargado por no haberse emprendido la "justa guerra", que con la mayor urgencia hubiera debido emprenderse. "Estos casos volviendo en mi memoria", dice el cautivo Saavedra, "las lágrimas trajeron a los ojos", y al corazón una angustia desesperada, hechida también de indignación: "Rompeos ya cielos, y llovednos presto / el libertador ... / si ya en el suelo no lo tenéis puesto" (117). La aparición milagrosa del león al cautivo en el desierto - evocación penosa, nostálgicamente divertida del agradecido león redentor de Androcles - se sugiere satíricamente como único sustituto posible de los gallardos leones en las proas de los buques de guerra de España. "¡Cielos ... llovednos presto el libertador ..., si ya en el suelo no lo tenéis puesto!" Con posible referencia, no exenta de sutil sarcasmo, a esta desesperada súplica por un milagro: "¡los caballeros andantes"! que evoca Don Quijote (1275), y, por cierto, ¡Zoraida! En cuanto es posible y razonable identificar las opiniones de los personajes con las de Cervantes mismo, del conjunto de sus obras se puede deducir que hacía una distinción muy clara entre la guerra "injusta" y la "justa", y que ésta se caracterizaba para él así, incondicionalmente, como una acción "en defensa" de los valores más fundamentales de la vida individual y colectiva. Su designación de ciertas guerras como "justas" pudo y puede no coincidir con opiniones aún más autorizadas y objetivas acerca de ellas, claro está, pero no cabe dudar jamás de su sincera convicción de que aquéllas así fuesen de verdad. Sin embargo, "injusta" o "justa", para Cervantes toda guerra es inexorablemente "hambrienta, despiadada / que al natural destruye y al extraño / ... consume, abrasa, echa por tierra / los reinos, los imperios populosos, / y la paz hermosísima destierra" (El trato de Argel, 128). Aun cuando su "causa" sea "justísima", la guerra debe emprenderse sólo cuando no hay alternativa alguna a ella ¡en absoluto!, como se ilustra, de modo tan impresionante y conmovedor, en la decisión de los numantinos de defender a su pueblo hasta la muerte.13 ¡Cuánto más deplorables son las atroces consecuencias de la guerra que se emprende sin "justa" causa, por "motivos que carece[n] de todo razonable discurso", contrarios a "las leyes divinas y humanas"! Uno de los medios más persuasivos e ingeniosos a que Cervantes recurre para revelar los fines irracionales e inmorales de ciertas guerras es la caracterización de la tropa, que, por mando de sus jefes, se encarga de hacerlas. Con 12 Ver también Osterc, "La guerra y la paz según Cervantes", 24 y sigs. 13 Ver nuestro estudio sobre Numancia. 20 Erasmo opina: "Si quieres comprender plenamente la destrucción y la agonía de la guerra, considera bien a los hombres que la hacen".14 Cabe reiterar, ante todo, que Cervantes habla en los términos más elogiosos del soldado honrado y gallardo. Con el mayor orgullo se refiere a su propio servicio al rey, a la patria, a la fe, a la familia, "en defensa" del "bien universal", retratándose, al menos parcialmente, en varios personajes notables de sus obras, a veces tocayos suyos: el Saavedra del Trato de Argel, del Gallardo español y del "Cuento del cautivo". Y con la más profunda simpatía y tristeza contempla no sólo la muy probable trágica muerte de tal soldado -precisamente por tan leal y gallardo - en el campo de batalla, sino su asimismo casi segura miserable situación en la desagradecida patria, en el caso del volver a ella, a menudo ya incapacitado físicamente para las armas, cargado de heridas o de años: "no es bien que se haga con ellos [los soldados viejos y estropeados] lo que suelen hacer los que ahorran y dan libertad a sus negros cuando ya son viejos y no pueden servir, y echándolos de casa con título de libres, los hacen esclavos del hambre, de quien no piensan ahorrarse sino con la muerte" (1358). ¿Cabe duda de que Don Quijote es aquí portavoz fidedigno del mismo Cervantes, viejo soldado heroico, leal a la patria, "cargado de heridas, estropeado", en continua busca desesperada, humillante de cualquier empleo con que sobrevivir? Portavoz de una contestación amargada, indignada, implícita, de cierto modo, en toda la vida de Cervantes como veterano al cruel consejo: "¡busque por acá!".15 A Cervantes le quedaba sólo el consuelo que le ofrecía su famoso personaje, Don Quijote, hombre de buen corazón: "Y si la vejez os coge en este honroso ejercicio, aunque sea lleno de heridas y estropeado o cojo, a lo menos, no os podría coger sin honra, y tal que no os la podrá menoscabar la pobreza" (1358). Por su notoria ingenuidad o, quizás, por su compasivo deseo de no acongojar aún más a su autor, el buen Don Quijote añade: "ya se va dando orden como se entretengan y remedien los soldados viejos y estropeados" (1358). Nuestra sugerencia se hace aún más plausible por el hecho de que de tal "orden" no hay noticia documental alguna.16 Entre los soldados que desempeñaban con honradez y gallardía sus deberes, muchos, quizás la gran mayoría, se acogieron a la profesión militar por mera necesidad de sobrevivencia económica, por causa de la apremiante pobreza de sus familias. "A la guerra me lleva mi necesidad; / si tuviera dineros, no fuera, en verdad", explica el "mancebito" a quien Don Quijote encuentra en el camino y a quien, con gran cordialidad y compasión, convida a "subir a las ancas [de Rocinante] hasta la venta" y a "cenar" allí con él, después de haber oído el relato de su "desventurada" vida al servicio de amos inveriablemente míseros, parásitos, crueles (1357-58).17 Pese a todas las "heridas" y desilusiones con que venían "cargados", algunos de estos soldados volvían a la patria con la honradez y la dignidad intactas, en donde también como veteranos seguían manteniéndolas. Tal era el caso del Cervantes, según todas las evidencias. Otros, probablemente la mayoría, volvían "cargados", sobre todo, de un acerado cinismo, confirmado terminantemente, si ya no' aprendido en el ejército, expertos en todas sus trampas e "insolencias", en todos sus excesos y abusos (Coloquio de los perros, 1012) y muy afanosos de practicarlos también en el ambiente 14 Los pensamientos de Erasmo a que nos referimos en este estudio se encuentran en Querela pacis y Dulce bellum inexpertis, pero se reiteran en muchos de sus escritos. 15 Así se le contestó a Cervantes, cuando, sin poder encontrar empleo alguno en España, solicitó permiso para irse a América. 16 Gaos, El ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha, II. 171. 17 Casalduero: "... la grande figura del mancebito" (Sentido y forma del Quijote, 182-83). 21 de la patria, ya tan propicio a ellos. Vicente de la Roca sale de España como un pobre "desventurado mancebito", y vuelve como empedernido cínico, rencoroso farsante y embaucador, con calculada intención vengativa de deshonrar a su propio pueblo. Este caso conlleva una implicación irónica, metonímica, de la vuelta de "hijos pródigos" en maldades, en acto de "apropiada", "natural" malévola restitución a la patria. En esta clase de veteranos cínicos y tramposos, se incluyen todos esos holgazanes que se "aderezan" pretendiéndose "hombres corrientes y molientes", para atrapar "ingenuas" (Campuzano, de El casamiento engañoso; el soldado de El juez de los divorcios, etc.), todos esos ridículos Trasos que con sus increíbles fanfarronadas usurpan glorias ajenas (el soldado de La guarda cuidadosa), todos esos falsos ermitaños, "señores" de "sotaermitaños", dueños de "gallinas" y de vino "de lo caro" (1356),18 amigos de "Madalenas" que les "quitan mil canas ... hechos San Hilarios" (Soneto, A un ermitaño, 51), y muchos otros tipos apicarados que hacen acto de presencia, al menos brevemente, en las obras cervantinas, constituyéndose en una vergonzosa y peligrosa "pestilencia" nacional.19 Claro está, ya en el ejército hacían toda clase de "insolencias" estos "rufianes churruleros", hasta "por los lugares do pasa[ban]", en España (Coloquio de los perros, 1012). Tomás Rodaja queda asombrado por la violencia, el maltrato, el parasitismo, las trampas y, en suma, los abusos de toda clase a que los soldados españoles someten al pueblo andaluz, víctima inocente, indefensa y reducida a unas desesperadas y fútiles "quejas" (El Licenciado Vidriera, 877). ¡"Subditos" españoles, "verdugos de los otros [subditos]"! Estos soldados de España, en camino a "defenderla" en el extranjero, eran sus "verdugos" en su propio suelo. Con atroz ironía, ¡España necesitaba ser defendida de sus propios "defensores"! (Coloquio de los perros, 1012). Por esta razón, principalmente, el discreto y moral Tomás Rodaja se niega a incorporarse a tal ejército, pues sabe que se encontraría "en la necesidad casi precisa de hacer" también él "todo aquello que notaba y mal le parecía" (El Licenciado Vidriera, 877). ¿Cómo podría tal ejército ser defensor de una causa justa? "Todas o las más cosas de la guerra traen consigo aspereza, rigurosidad y desconveniencia", dice Berganza con sarcasmo, pensando, de seguro, también en los abusos de la soldadesca (Coloquio de los perros, 1012). Estos ejércitos españoles que describe Cervantes son mercenarios, con mira exclusiva hacia el pillaje y el botín, a expensas de cualquier víctima indefensa. A menudo, a estos violentos robos parecían inducirlos los gobernantes mismos: "el soldado está atenido a la miseria de su paga, que viene tarde o nunca, o a lo que garbeare por sus manos, con notable peligro de su vida y de su conciencia" (Don Quijote, 1358). Hablando de la grotesca anomalía de estos "verdugos" de su propia patria, Berganza dice que es "sin culpa del señor", porque "aunque" éste "quiera y lo procure ..., no puede remediar estos daños, porque todas o las más cosas de la guerra...". Sin embargo, ¿"quiere ..., procura" de veras, de cualquier modo, remediarlos ese "señor"? De acuerdo con el concepto humanista cristiano, el "buen príncipe" es una "cabeza" dotada de sabiduría y prudencia que gobierna justa y amorosamente a todos los "miembros del cuerpo", los subditos. Los abusos, las injusticias, los robos, los sufrimientos, las guerras ... que afligen a una nación son, muy significativamente, casi siempre consecuencias directas 18 Suponemos que el sotaermitaño miente cuando dice a los huéspedes inoportunos que no hay de lo "caro" en la ermita (1356). No son notorios por su generosidad o caridad tales "religiosos". ly Moner percibe agudamente la relación entre el ermitaño, el mancebito y la aventura del rebuzno, a base del tema militar, soldadesco. Hay varias observaciones importantes en este estudio, con que coincidimos por completo (Cervantes conteur: Écrits et paroles, 108-116). 22 del príncipe distraído en juegos, cazas, etc., que no está alerta y "duerme", no pudiendo sus subditos, por causa de ello, "descansar en paz".20 Ahora bien , ¿cómo es nuestro - nótese la punzante ironía de Berganza - "buen príncipe" (1012)? Son notorios los bailes, juegos, cazas y otras clases de diversiones con que el duque de Lerma mantenía entretenido - "dormido", diría Erasmo - a Felipe III, haciéndolo inconsciente, ignorante del deplorable estado de la nación, del pueblo y, claro está, del ejército, que en este momento nos concierne. Narrra Berganza: "Iba la compañía llena de rufianes churruleros..., verdugos", contratados por un "sargento ... matrero y sagaz, y grande arriero de compañía", quien "no había muchos meses que había dejado la corte y el tinelo" - prosperar o hasta sólo sobrevivir en el tinelo era segura señal de gran pericia en trampas y maldades -,21 a las órdenes de un "capitán mozo, pero muy buen caballero y gran cristiano" (1012). ¿Podría serlo, sabiendo y tolerando las "insolencias" y violencias de sus soldados, "verdugos" de sus pacíficos, indefensos compatriotas? Se trataría más bien de un individuo que obtuvo el título militar, con todos sus privilegios, por medio de los notorios favores de la corrupta corte del incapaz, indolente, frivolo Felipe III. La organización piramidal del ejército se describe con sutileza satírica que revela una deplorable, inexorable concatenación de los abusos de los mercenarios criminales con los de los corruptos, inmorales oportunistas cortesanos, ambos bandos así "verdugos" de su patria.22 Concatenación lógica de abusos y crímenes, sí, pero, según ya se ha sugerido, la causa inicial y fundamental de todos ellos son, obviamente, los malos "príncipes", de quienes, en efecto, los soldados son sólo su natural, fiel reflejo. "¡Si de aquellos tales se hacen éstos...!" El soldadoTaso es imagen de su general y éste, a su vez, lo es de su príncipe, según cínica ley de puntual emulación, como lo ha dramatizado genialmente ya Torres Naharro en su Soldadesca y, después de Cervantes, Schiller, en Wallenstein. Cervantes nos sugiere tal idea, por lo menos implícitamente, siempre que trata el tema, e incluso por declaraciones aparentemente contrarias: "sin culpa del señor", que leemos en clave de sutil ironía, "¡todo por culpa del señor!" De estas actitudes cervantinas se hace eco también Sancho Panza, cómicamente, al advertir que "no hace al caso a la verdad de la historia ser los rebuznadores alcaldes o regidores, como ellos una por una hayan rebuznado; porque tan a pique está de rebuznar un alcalde como un regidor" (1386); ¡O como un "príncipe"! ¡O como cualquier funcionario con autoridad política, social, religiosa ... que "rebuzna" en vez de desempeñar bien, sabia y justamente, sus responsabilidades de gobernar al pueblo! El episodio del rebuzno es una de las representaciones satíricas literarias más punzantes e ingeniosas de la condena erasmiana de la guerra que comúnmente "no es otra cosa que una riña personal extendida a los demás", a todo el pueblo y, a menudo, sólo por algún ridículo "berrinche infantil" de los adalides reñidos.23 Particularmente este ridiculísimo - y, en realidad, nada cómico - hecho es lo que Cervantes noveliza en su episodio. Dice a este propósito Don Quijote a la gente del pueblo del rebuzno: "Días ha que he sabido vuestra desgracia y la causa que os mueve a tomar las armas a cada paso, para vengaros de vuestros enemigos ... y hallo ... que estáis engañados en teneros por 20 Ver Erasmo, Institutio Principis Christiani. 21 Sobre los mercenarios y los tineleros ver nuestros estudios sobre La soldadesca y La tinelaría en El pensamiento humanístico y satírico de Torres Naharro. 22 Ver acerca de todos estos problemas nuestros estudios sobre El Licenciado Vidriera y El coloquio de los perros en Las novelas ejemplares de Cervantes. 23 Ver Querela pacis, entre otros escritos de Erasmo con condenas semejantes. 23 afrentados, porque ningún particular puede afrentar a un pueblo entero, si no es retándole de traidor por junto, porque no sabe en particular quién cometió la traición por que le reta ... siendo, pues, esto así, que uno solo no puede afrentar a reino, provincia, ciudad, república, ni pueblo entero, queda en limpio que no hay para qué salir a la venganza del reto de la tal afrenta, pues no lo es... ¡Bueno sería, por cierto, que todos esos insignes pueblos se corriesen y vengasen, y anduviesen continuo hechas las espadas sacabuches a cualquier pendencia, por pequeña que fuese! No, no, ni Dios lo permita o quiera" (1369). Don Quijote hace estas advertencias, "según las leyes del duelo", que también ilustra con el ejemplo del reto de "don Diego Ordóñez de Lara" - a quien, nótese, tacha de desmesurado, insensato en parte de su reto, por causa de su "cólera" - "a todo el pueblo zamorano", pero vienen perfectamente de molde en esta situación, con su importante implícita sugerencia, entre otras, de que arreglen entre sí los "afrentados particulares" su ridicula "pendencia", sin arrastrar tras sí al desastre al "pueblo entero". Don Quijote - en todo este episodio mucho más discreto y consciente de la realidad de lo que se suele creer - reitera su amonestación incisivamente: las armas no se deben tomar "por niñerías y por cosas que antes son de risa y pasatiempo que de afrenta", concluyendo que "quien las toma [por tales razones] carece de todo razonable discurso" (1369). Don Quijote se está refiriendo a los dos regidores o alcaldes rebuznadores, claro está. Buscando el asno por el monte, uno de ellos propone: "Mirad, compadre: una traza me ha venido al pensamiento, con la cual sin duda alguna podremos descubrir este animal...; yo sé rebuznar maravillosamente; y si vos sabéis algún tanto, dad el hecho por concluido. ¿Algún tanto decís, compadre?, dijo el otro. Por Dios, que no dé la ventaja a nadie, ni aun a los mismos asnos. Ahora lo veremos, respondió el regidor segundo... Digo, compadre, que la traza es excelente y digna de vuestro gran ingenio... Esas alabanzas y encarecimiento, respondió el de la traza, mejor os atañen y tocan a vos que a mí, compadre..." Los dos se alaban mutuamente, "exagerando el uno la gracia del otro en el rebuznar", pero cada uno complacido, sobre todo, por el reconocimiento tan elogioso de su "rara habilidad" (1359). Con sutileza humorística, a menudo aparentemente tan inocente, Cervantes satiriza en estos estrafalarios compatriotas suyos, los patéticos subterfugios de la ridicula ceremoniosidad, encaminados a la gratificación vanidosa, ya muy notorios entre los propios y los extraños. A propósito de la conducta de algunos españoles en Italia, en el siglo XVI, observa, de manera muy penetradora, Croce: "E poiché, infine, colui che assai cura la sua persona e il suo decoro, e richiede da altrui deferenza e ossequio, é perció stesso portato a mostrarsi osservantíssimo delle stesse cose verso gli altri, per fare risplendere la propia perfezione e forse per meglio far rispettare i suoi diritti rispettando i propí doveri e promuovere cosí uno scambio di cortesie, gli spagnuoli si acquistarono fama di complimentosi e cerimoniosissimi".24 Esta relación social, psicológica - que, en sí, no excluye la posibilidad de una genuina, sincera mutua cortesía - a menudo se caracteriza por el mero patético afán de encumbramiento personal, con abstracción absoluta del atributo o mérito por el cual aquél se persigue. Esto es lo que Cervantes destaca al mostrarnos la suma gratificación de los dos regidores al oírse encomiados como asnos: "Ahora digo ... que de vos a un asno, compadre, no hay diferencia..." (1359). ¿Cabe dudar de la completa verosimilitud psicológica de tal mentalidad tonta, ridicula, vanagloriosa? Y, por desgracia, potencialmente peligrosa, dañina, catastrófica para todos, al ser representada, por tontería o, a menudo, por perverso cálculo, como 24 Croce, La Spagna nella vita italiana durante la Rinascenza, 18. 24 postura honrosa en nombre de la dignidad patria y de los intereses colectivo, nacionales. La historia nos ofrece abundantes ejemplos de la facilidad con que se puede inculcar en la masa tales "ideales patrióticos", haciéndola propugnarlos de cualquier modo, con obsesión irreflexiva y ardor fanático, como si de su vida o muerte se tratase. En nuestro episodio, el "ejército" de los rebuznadores aparece con ostentoso arrojo, con "gran rumor de atambores, de trompetas y arcabuces.... armado de diferentes suertes de armas..., lanzones, ballestas, partesanas, alabardas y picas, y algunos arcabuces, y muchas rodelas", determinado a hacer los más terribles estragos en sus "enemigos" y a "morir matando", si tal fuese el "destino", todo por "vengar" la "honra" del pueblo; sin vacilar en absoluto - todo lo contrario, recuérdese la premura con que se ha enviado a comprar las armas (1360) -, sin cuestionar la justicia de su causa, en ningún aspecto, pues cualquier escrúpulo desdice de la hombría, del honor y del deber patriótico. Con el enemigo de la patria - así lo han declarado los "príncipes" - hay que enfrentarse con la cabeza orgullosamente erguida, con la voz retadora, rimbombante, ominosa de la inexorable destrucción de todos los obstáculos hacia la gloria; ... y, sobre todo, ¡sin jamás reparar en "niñerías", en superfluas divagaciones de la conciencia! En el "estandarte" de los rebuznadores "estaba pintado muy al vivo un asno..., la cabeza levantada, la boca abierta y la lengua de fuera, en acto y postura como si estuviera rebuznando; alrededor dél estaban escritos de letras grandes estos dos versos: "No rebuznaron en balde / el uno y el otro alcalde" (1368). Nos parece contemplar un típico grabado satírico de Goya.25 Percibe agudamente Gaos la abundancia de las "erres" en una parte del relato de la guerra de los rebuznadores: "rebuznase, rostro, rebuzno, regidores... Burla tenemos".26 No explica en qué sentido. ¿Se referiría esta onomatopeya burlesca, paródicamente a la de los sublimes versos épicos de la Eneida, basada asimismo en notorias "erres": "Arma virumque cano / Troiae qui primus ab oris..."? Así, este elemento contribuiría a la fisonomía cómica, satírica de una Batracomiomaquia, que, según venimos explicando, también sería, entre otras cosas, este episodio cervantino. Respecto al propósito paródico es, por supuesto, particularmente revelador el hecho de que los rebuznadores declaren la guerra al oírse reconocidos como excelentes en tal práctica. ¿No es quizás precisamente el reconocimiento de esta "excelencia" la "honra" específica a que sus "regidores" aspiraban? En el episodio aparentemente tan sencillo se descubren varias otras flagrantes, significativas paradojas, incongruencias, contradicciones de este tipo, todas producidas por la estupidez. Es de suma importancia satírica, en el contexto ideológico y moral en que situamos el episodio, el hecho de que la causa inicial de esta guerra sea "la industria y engaño" con que hizo desaparecer el asno una muchacha, criada del corregidor (1359). Sin duda que este episodio es una cómica representación de una guerra por un estúpido berrinche infantil y que se acaba anticlimáticamente al no aparecer el ejército enemigo, lo que Cervantes comenta con ironía ridiculizadora, implicando la notoria y fácil atribución de victorias y glorias militares: "si ellos [los rebuznadores] supieran la costumbre antigua de los griegos, levantaran en aquel lugar y sitio un trofeo" (1370). Con este desenlace, Cervantes se propone evitar que lo ridículo de esta guerra y sus causas se diluya con un trágico derrame de sangre, pero no debe dudarse de que sugiere como muy probables tales tragedias - según se ilustra también con Sancho, víctima indefensa de la brutal 25 No aprecia la ingeniosa intención satírica Gaos, al objetar, en nombre de la exactitud realista, que este asno tenga la lengua "fuera" (El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, II, 409). 26 Ibid., 377. 25 violencia de los rebuznadores -, considerando las causas mencionadas, sobre todo, la necedad y la irresponsabilidad de los "príncipes".27 Sorprende cuántos lectores proclaman a Don Quijote "cobarde" por huir de los rebuznadores,28 quienes "le amenazaban ... con mil encaradas ballestas y no menos de arcabuces", después de haber ya "llovido sobre él un nublado de piedras", cuando intentó salvar a Sancho (1370). Amado Alonso es uno de los pocos que trata de enjuiciar este hecho con "comprensión ... de la figura humana en toda [su] densidad, complejidad y autenticidad", destacando también la imposible situación de Don Quijote contra doscientos hombres.29 Don Quijote no es cobarde, pero tampoco es ya temerario, como en la Primera Parte. Ahora es casi siempre muy discreto; en este caso lo prueba huyendo de los rebuznadores, no pudiendo hacer ya nada por Sancho y sabiendo que nada serviría para pacificar a esos enloquecidos hombres, a quienes "ha querido ayudar" con "sabios consejos" morales y religiosos,30 procedentes del más puro humanismo evangélico cristiano. Observa Sancho con respecto a esto: "Si este mi amo no es tólogo ... lo parece como un güevo a otro" (1369).31 "Don Quijote ha huido temiendo la muerte sin sentido", dice bien Casalduero.32 "¡Silent enim leges Ínter arma!". Desde esta perspectiva rechazamos, pues, la sugerencia de que "Don Quijote has been made a fool of and he shares with Sancho the attributes of a beaten ass".33 Los "asnos" son patentemente sólo los rebuznadores, según lo ilustra todo el episodio; Don Quijote es "culpable" sólo del error de seguir pensando que de tales "asnos" se pueden hacer hombres. Clemencín dice: "Al paso ridiculizó nuestro autor las animosidades, rencillas y quimeras entre pueblos comarcanos por las pullas y motes con que solían zaherirse mutuamente en su tiempo, y de que aun quedan en el nuestro algunos vestigios".34 El episodio cervantino transciende este estrecho panorama geográfico y temporal, revelando, dentro de sus límites, unas implicaciones de perenne actualidad. Por esto, aunque es probable que al escribirlo Cervantes pensase en guerras específicas como, por ejemplo, la insensata de Flandes - así les parecería a muchos discretos españoles al menos al comienzo del siglo XVII -,35 aún más probable es que para entonces ya considerase todas las guerras, siempre con la posible excepción de Lepanto, por completo dicotómicas con la razón y la moralidad. El episodio cervantino se incorpora, muy dignamente, a un vasto cuerpo de literatura antibélica, con ilustres antecedentes, como los escritos de Erasmo y de sus discípulos, algunos de ellos españoles, y con asimismo ilustres sucesores como, por ejemplo, Swift, con su 27 Ver también el satírico tratamiento de la necedad de la guerra en Las dos doncellas, en nuestro libro Las novelas ejemplares de Cervantes. 2X Gaos, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. II, 413; Hatzfeld, Mancing, entre muchos otros. 29 A. Alonso, Materia y forma en poesía, Madrid, 1960, 169-171. 30 Casalduero, Sentido y forma del Quijote, 295; Togeby, La estructura del Quijote, 115. 31 Podría tratarse de una referencia cómica, pero muy significativa de acuerdo con la ideología erasmista. Esporádicamente se sospecha esta relación de Cervantes con Erasmo en este episodio, pero sin debido detenimiento (ver Gaos, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, II, 411). 32 Casalduero, Sentido y forma del Quijote, 294. 33 Murillo, A Critical Introduction to Don Quijote, 174, inspirado para esta conclusión también en opiniones de T. Mann y Petriconi. 34 Citado por Gaos, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, II. 410. 35 Sánchez habla con razón de "episodios nacionales" al referirse a varios de los "cuentos" de la Segunda Parte del Quijote ("Arquitectura y dignidad moral de la Segunda Parte en el Quijote", 11). 26 ingeniosísima sátira de la guerra por el desacuerdo sobre los modos de comerse un huevo, en Los viajes de Gulliver. Sin embargo, para apreciar la seriedad del mensaje por medio de la fantasía cómica, tanto en el caso de Swift como en el de Cervantes y de otros genios satíricos con ellos emparentados, es siempre imprescindible recordar la aguda advertencia de Sterne: "Learned men don't write dialogues upon long noses for nothing. 1*11 study the mystic and the allegoric sense".36 "Todo gran satírico es moralizante".37 Cervantes lo es a menudo por medio de las situaciones aparentemente más improbables, que, atentamente examinadas, se revelan como metáforas poderosas, incisivas, de la más puntual verdad. 36 L. Sterne, The Life and Opinions of Tristram Shandy Gentleman, Oxford, 1926, III, 257. 37 Dámaso Alonso, "La injusticia social en la literatura castellana", 14. Cabe advertir que incluso los que no encuentran gran transcendencia artística y moral en este episodio no dejan de percibir su "exemplary value" (Riley, Don Quixote, 98-99; Close, "Cervantes Arte Nuevo de hacer fábulas cómicas en este tiempo", 13: "... a humorous yet edifying commentary on morals and manners"). De hecho, "the moral" de este episodio es tan "self-evident" (Riley, Don Quixote, 98), que quizás por ello no dejó ver la necesidad de examinarlo más detenidamente. 27